El prolongado conflicto en Sudán, que entra en su cuarto año, ha sumido a millones en pobreza y alto riesgo de desnutrición. Algunas familias se ven obligadas a consumir alimento para animales para sobrevivir.
En el campamento de Tahuila, en Darfur del Norte, Salamusa, una viuda desplazada, relató las dificultades para mantener a sus seis hijos. Sufren falta de servicios salvo agua de pozos, sin educación ni trabajo para ella, que es enfermera.
La escasez de productos básicos obliga a recurrir a alimentos poco convencionales. La harina de maíz se disparó en precio y desapareció de los mercados.
Mientras el conflicto persiste, para familias como la de Sala y Sumia el futuro sigue incierto.