Los padres deben pelear espiritualmente y no dejar al diablo nada de lo que Dios les confió a sus hijos, levantándose para establecer una realidad diferente desde hoy.
Los niños necesitan conocer al Espíritu Santo, relacionarse con él, confiar en él e incluirlo en todos sus asuntos, reconociéndolo como el verdadero superhéroe que los guía, consuela y acompaña siempre.
Se insta a una nutrición inteligente con pan espiritual en Cristo, asistencia del Espíritu Santo, enseñanza de la Biblia, hábitos saludables y protección contra todo abuso, mejorando la vida de los pequeños.
En este tiempo de ingeniería social y reinvención humana, hay que valorar los primeros años para educar encaminando a los hijos en la verdad de Cristo, el camino, la verdad y la vida, invirtiendo en ellos como el mayor valor.