El Estado Nacional restauró más de 40 edificios religiosos deteriorados en todo el país, incluyendo la Basílica Nuestra Señora del Rosario y el Convento de Santo Domingo en el barrio de Monserrat, Buenos Aires, con trabajos que preservaron su estructura exterior e interior tras años de falta de mantenimiento.
La basílica jugó un rol clave en las invasiones inglesas de 1806 y 1807: el prior Gregorio Torres impidió la procesión de la Virgen del Rosario por orden de Beresford, pero Santiago de Liniers prometió ofrendarle las banderas inglesas capturadas si los expulsaba, cumpliendo tras reconquistar la ciudad con ayuda de una sudestada providencial.
Manuel Belgrano, vecino del convento y devoto de la Virgen, donó banderas tomadas en la batalla de Tucumán y pidió ser enterrado allí, donde descansan sus restos en un mausoleo en el atrio; el lugar también alberga más de mil soldados ingleses y balas de cañón históricas (ahora réplicas).
La restauración incluyó reconstrucción de fachadas, cúpulas con pizarras españolas, impermeabilización, recuperación de revoques y casetonado; involucró a 120-150 especialistas durante dos años, permitiendo que la iglesia siguiera funcionando, y resalta su valor arquitectónico con bóvedas de ladrillo y retablos tallados.
El fraile local destaca que el espacio fomenta paz y oración para colegios, oficinistas del centro y turistas, preservando la memoria patria ligada a Belgrano, Liniers e Hipólito Yrigoyen.