Trabajadores de la empresa de seguridad Aleza se encadenaron frente a su sede en Av. Idearte al 3500 desde las nueve de la mañana para exigir sueldos impagos de tres a seis meses. El dueño evita el diálogo pese a estar notificado por televisión y no responde llamadas.
Fabián, padre de dos hijas, y Víctor, padre de cinco hijos, relataron desesperación familiar con días sin comida, vendiendo rosquitas o haciendo changas para sobrevivir. El sindicato proporciona mercadería y ayuda con alquileres, pero la situación persiste hace meses.
Los empleados denuncian que los mandaron a un objetivo peligroso donde los amenazaron con armas para que no vayan, sabiendo que son delegados. Sienten impotencia al llegar a casa sin nada en la heladera y critican la falta de humanidad del empresario.
El panel condenó la intransigencia patronal y vinculó el caso a problemas de salud mental por desempleo, criticando la actitud gubernamental de "si no te da el negocio, cerrá". La protesta concluyó sin resolución, pero seguirán de cerca.