Gabriel, barbero de San Juan con 25 años en la profesión, perdió dos peluquerías por vicios, drogas y alcohol, viviendo ocho años en calle sin visión de futuro, solo buscando comida y refugio.
En la calle luchaba por supervivencia como en selva, rechazado por sociedad, pero al concurrir a la Iglesia Universal levantó cabeza, armó equipo profesional con abogados y contador.
Hoy tiene cuatro barberías, expande a ropa y calzado, disfruta con hijo y nieto, come donde quiere sin deudas, atribuyendo todo a las reuniones de la iglesia.