El Cementerio de la Recoleta en Buenos Aires alberga historias fantasmales que trascienden la realidad, como la de la Dama de Blanco, Luz María García Belloso, quien murió a los 14 años por apendicitis y supuestamente apareció ante un dandy porteño cinco años después, besándolo antes de desvanecerse en su tumba.
Otra leyenda icónica es la de Rufina Cambaceres, quien colapsó el día de sus 19 años por posible catalepsia, fue dada por muerta y enterrada viva, como indican raspones en su ataúd descubiertos al día siguiente por el cuidador del cementerio.
Visitantes y testigos relatan apariciones de espíritus, energías densas y almas en pena que no elevan, manifestándose con llantos o figuras etéreas, especialmente de noche entre los mausoleos de figuras históricas como Julio Argentino Roca, Domingo Faustino Sarmiento, Eva Duarte de Perón y Carlos Pellegrini.
El cementerio, primer público de Buenos Aires desde 1822, cubre 5 hectáreas con 4.870 sepulcros, muchos históricos nacionales, y representa el privilegio de la alta sociedad porteña en la eternidad.