La economía alemana continúa bajo presión por aranceles, altos costos laborales, energéticos y barreras burocráticas que frenan nuevas inversiones y provocan deslocalización de la producción al extranjero.
En el ranking IMD de competitividad, Alemania cayó del puesto 15 en 2022 al 19 en 2025 y del 21 al 35 en eficiencia empresarial en dos años, con exportaciones estancadas en 1,5 billones de euros pese a la recuperación global, perdiendo cuota en ingeniería mecánica y vehículos ante competidores asiáticos.
Empresas trasladan producción por costos elevados, aunque mantienen productividad superior, y expertos temen que la deslocalización afecte investigación, desarrollo y gestión, agravando la recesión si no se conserva el saber hacer alemán.
Costes laborales entre los más altos del mundo, sumados a normas excesivas que demoran autorizaciones para plantas de producción, no existen en otros países, según análisis de Deloitte y la Federación de la Industria Alemana.