Grupos narcos en Sudamérica usan oro de minería ilegal en Amazonía para lavar dinero del narcotráfico, superando ganancias de cocaína en Perú, Colombia, Brasil y Venezuela. Financian extracciones clandestinas sin controles, mezclan con legal vía empresas pantallas y exportaciones manipuladas.
El oro, tangible y difícil de rastrear, transporta fortunas en poco volumen, resiste crisis y se transforma en lingotes/joyas. Evoluciona de métodos como lavanderías de Al Capone a este activo refugio post-leyes anti-lavado de los 80.
La Amazonía sufre deforestación, mercurio en ríos, explotación laboral y violencia. El oro actúa como moneda silenciosa del crimen global en fronteras difusas.