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Eliseo ordena cavar pozos en desierto para milagro del agua en batalla

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El profeta Eliseo ordenó cavar pozos en el desierto para que se llenaran de agua milagrosamente durante la coalición de Josafat, Joram y el rey de Edom contra Moab. A pesar de la orden divina que exigía fe, Israel no ganó la batalla por desacuerdos espirituales y malas alianzas antidios, similar a las asociaciones tóxicas de Josafat con idólatras como Acab y Ocosías, que trajeron reprensiones proféticas y perjuicios a su nación y familia.

El milagro ocurrió al crepúsculo matutino durante la adoración a Dios, destacando la unción especial de la oración de la mañana como en la vida de Job, David, Abraham, Moisés y Jesús, quien madrugaba para orar en soledad. Grandes personajes bíblicos elegían el amanecer para encontrarse con Dios, recibiendo revelaciones, autoridad y poder de esa comunión.

El rey de Moab sacrificó a su hijo primogénito a Quemos, un demonio, generando gran enojo espiritual contra Israel y obligando a la coalición a retirarse intimidados. Pablo enseña a pelear batallas espirituales y físicas con armas divinas como el cinturón de la verdad, la coraza de justicia, el escudo de la fe y revestirse de Jesucristo, no con métodos humanos.

El pastor concluye que las amistades tóxicas y falta de acuerdo en lo esencial llevan al fracaso, urgiendo a incluir a Dios en toda batalla, orar por fe y evitar asociaciones íntimas con incrédulos para no interrumpir las bendiciones divinas.