En el comedor y merendero Casa Feliz de González Catán, Gloria Callejas y su familia preparan más de 60 platos diarios con ingredientes como paciencia, amor y solidaridad para ayudar a niños y personas mayores.
Tras 26 años de labor, la casa se convirtió en un punto de encuentro comunitario donde se cocina a fuego lento ante las crecientes necesidades y negligencias observadas.
Los colaboradores destacaron la necesidad de un nuevo techo para lluvias y más donaciones de comida. Pidieron tranquilidad ante robos y accidentes, y perdón para limpiar el alma.
El segmento promovió valores para un mundo mejor, enfatizando que la sonrisa de un niño no tiene precio y que todos pueden aportar con solidaridad mínima.