Los ataques del lobo GW950M y otros a ganado en el norte de Alemania se intensifican, con más de 70 cabezas muertas y el pony de la presidenta de la Comisión Europea abatido, lo que generó una orden de caza que no se cumplió. El lobo sigue libre con nueva pareja y cachorros, mientras agricultores demandan su eliminación total.
Voluntarios como Siegfried Kenny Kena monitorean 1.600 lobos grises con cámaras trampa, destacando su rol en el ecosistema al controlar presas como ciervos, beneficiando a 40 especies. Sin embargo, granjeros reportan ataques frecuentes, como una oveja muerta y 16 heridas recientemente, generando frustración por la falta de seguridad para sus animales.
La UE modificó la ley para permitir caza con licencias, pese a oposición científica de expertos como Sibylle Klensendorf, quien advierte que matar líderes de manada aumenta la población y atrae lobos más agresivos. Pastores como Stefan R. usan perros guardianes y cercas eléctricas subsidiadas, logrando reducir pérdidas sin eliminar lobos.
El debate polariza: sindicatos agrícolas presionan por control poblacional, mientras conservacionistas promueven convivencia mediante protección y ciencia, enfatizando la necesidad de lobos para la supervivencia de bosques y comunidades rurales.