El descenso repentino del caudal del río Iguazú de 1.5 a 0.5 millones de litros por segundo expuso 400 kilos de monedas lanzadas como ritual por turistas a las cataratas, pese a la prohibición expresa.
Personas en el lugar recolectaron las monedas que quedaron a la vista, en una limpieza habitual pero llamativa por la cantidad. Además, hallaron botellas plásticas, desperdicios y teléfonos celulares arrojados al agua.
Estas monedas de metal se oxidan y alteran la composición natural del agua, y peces locales pueden confundirlas con alimento e ingerirlas, lo que justifica la prohibición vigente.