Antonella relató sufrir desde niña problemas espirituales, insomnio, parálisis del sueño y abusos que generaron odio y rechazo, en un hogar con agresiones verbales y físicas.
A los 11 años intentó quitarse la vida subiéndose a una silla con un cable tras discusión con su padre, pero se arrepintió y su madre la llevó a la iglesia donde empezó a cambiar.
Tras recaídas a los 17 con relación tóxica y depresión, regresó a la iglesia, se bautizó, ayunó, oró y recibió el Espíritu Santo, transformando su vida completamente.
Hoy tiene paz, salón de belleza propio, está casada con un hombre de Dios y afirma que Dios restauró su vida sentimental y económica.