La Sierra Nevada de Santa Marta, con aguas cristalinas y selva, enfrenta violencia de grupos paramilitares que controlan 2,3 millones de hectáreas por narcotráfico y minas ilegales de oro contaminantes.
Comunidades indígenas y comerciantes sufren extorsiones y restricciones; el gobierno cerró temporalmente el Parque Nacional Tayrona por amenazas.
Pueblos como arhuacos y kogi resguardan conocimiento ancestral, pero el conflicto genera desequilibrio espiritual y ambiental en la zona UNESCO.