Mabel contó que antes de llegar a la Iglesia Universal sufría una vida sentimental mala con agresiones y amenazas de su pareja, sin trabajo, insomnio, voces, sombras y miedo a la oscuridad.
Invitada por una amiga, empezó a concurrir los viernes, notó mejoría en el sueño, se bautizó, perseveró y buscó el Espíritu Santo con propósitos, oración y perdón a quienes le hicieron daño.
Recibió al Espíritu Santo, cambió sus pensamientos, se valoró más, restauró relaciones familiares y hoy vive feliz impulsada por Él en todo momento.