Ezequiel relató su vida de sufrimiento desde los cinco años, con pobreza, adicciones a marihuana y cocaína desde los 12, uso de armas, agresividad y tres intentos de suicidio tras 20 años de dolor.
Conoció la Iglesia Universal por casualidad, participó en una reunión, recibió paz y esperanza, dejó los vicios, se bautizó, pagó deudas en un mes y medio, ascendió en el trabajo y recibió el Espíritu Santo que transformó su vida.
Hoy está casado, feliz, comparte su testimonio y asegura que Dios puede cambiar cualquier vida vacía invitando a asistir a la Universal más cercana.