Silvia contó que antes era nerviosa, miedosa, sin paciencia con sus hijos, lloraba mucho y peleaba sin motivo con hermanos. Aunque su familia iba a la Iglesia Universal, ella no participaba hasta que sus hijos la motivaron.
Escuchó sobre el perdón y preparó un voto con todo su dinero guardado y cobro de trabajo, dejándolo en el altar del santuario. Al entrar, sintió una alegría y paz inmensa, llorando sin cesar, y su vida cambió al 100%: ganó paciencia, compartió momentos con hijos y recibió el Espíritu Santo.
El presentador enfatizó que su casa pasó de ser habitación del mal a la luz, invitando a otros en situaciones similares a entrar al santuario.