Los ocho rugbiers fueron condenados por el brutal asesinato de Fernando Báez Sosa, un joven de 18 años golpeado hasta la muerte por una patota fuera del boliche Lebrick en Villa Gesell en enero de 2020. El juicio en Dolores reveló una emboscada premeditada donde lo atacaron por la espalda cuando compraba un helado, aprovechando que los policías se distraían.
Los padres, Silvino y Graciela Báez, describieron a Fernando como un estudiante de Derecho en la UBA, buen hijo y solidario. Testimonios de amigos como D'Alessandro y Tatiana confirmaron que el grupo apuntó solo a Fernando, impidiendo que lo defendieran. Videos municipales y de comercios filmaron el ataque, donde Fernando levantó la mano pidiendo clemencia mientras lo pateaban en cabeza y tórax por un minuto.
La autopsia determinó shock neurogénico por traumatismos craneales múltiples, con huella de zapatilla de Máximo Thompson en el rostro y sangre en su calzado negro, único manchado. Chats de WhatsApp posteriores mostraron jactancia: "caducó", celebraciones y burlas llamándolo "negro de mierda", sin arrepentimiento ni pedidos de auxilio.
El veredicto del 6 de febrero de 2023 impuso prisión perpetua a cinco (Máximo Thompson, Ciro Pertossi y otros) como coautores, y 15 años a tres como partícipes secundarios. Post-juicio, Thompson dio entrevista negando dolo homicida, alegando homicidio en riña y defendiendo su zapatilla como "prueba efectista". La familia busca confirmar la sentencia y recuerda a Fernando por su carta soñando con brillar y amar.
Apoyo masivo llegó de Salta, Paraguay y Uruguay gritando "justicia es perpetua". Voluntarios y RCP fallaron por falta de ritmo cardíaco; la defensa falló en alegar mala praxis.