Una oceanógrafa oriunda de Misiones explica que decidió estudiar la carrera a los 14 años tras fascinarse con el mar durante unas vacaciones.
En la expedición a la Antártida, el equipo determina el nivel natural de concentración de iodo-129, un radioisótopo útil como trazador de masas de agua oceánicas.
Este isótopo tiene origen natural homogéneo y antropogénico de plantas nucleares en costas de Francia y Escocia, que emiten grandes cantidades sin riesgo para la salud humana.
Recolectan muestras con botellas Niskin a distintas profundidades para analizar temperatura, salinidad y presencia de contaminantes, entendiendo la circulación a gran escala y el cambio climático.
La Antártida ofrece aguas mínimamente contaminadas para comparar con el hemisferio norte y validar el trazador.