Los padres salieron a despedir a un sobrino cuando aparecieron los delincuentes; el cumpleañero quedó paralizado con las manos arriba, calmando a su abuelo que gritaba, mientras el padre le ofreció un frasco de vidrio con helado al ladrón.
Finalmente, los motochorros desistieron y huyeron sin llevarse nada, pero dañaron una moto nueva y, en las corridas, una tía del piso terminó golpeada. El festejo se apagó de inmediato y dejó lugar a la bronca y la amargura en la familia.