Julio y Lila, pareja de abuelos de Colegiales, mantienen una fábrica de pastas hace más de 40 años pese a estar jubilados, porque aman el trabajo como una religión.
Se conocieron jóvenes, él le agarró la mano y nunca la soltó, durmiendo así aún después de 62 años juntos; no tuvieron peleas graves, superaron crisis con amor y esfuerzo, ella lo llevó a casar tras dos años de novios.
Su hijo Luis, licenciado en informática, dejó su carrera para unirse al negocio familiar hace más de 10 años, criándose en la fábrica; en pandemia cerraron temporalmente pero volvieron con pedidos por teléfono y retiro, cuidando a los mayores.
Comparten anécdotas emotivas de infancia humilde, trabajos duros como cortar caña o lavar copas, hijos exitosos en Canadá y nietos cariñosos; enfatizan cultura del trabajo aprendida en casa y pensar en el mañana.
Julio emociona recordando a su padre muerto joven, Lila sus guisos de niña; siguen inseparables, con humor y pellizcos para reconciliarse rápido.