Joana relató en vivo su experiencia de violencia de género con un exjugador de fútbol que la agredió física y verbalmente, con celos, control y abuso sin consentimiento. Pidió ayuda a Pamela Pompeyo, con quien convivía como "hermana", pero ella se alió con el agresor permitiéndole acceso pese a advertencias y presenciando los hechos sin intervenir.
Explicó cómo las víctimas son manipuladas por psicópatas encantadores que aíslan y desvalorizan, y cómo amistades no escuchan por descrédito. Pamela no testificó en la denuncia por falta de cámaras, se negó a ayudar y atacó públicamente a la familia de Joana tras la muerte de su hermano de 6 años, generando más dolor.
Joana llamó a su madre para denunciar y obtener medidas cautelares, destacando la importancia de escuchar a las víctimas de violencia psicológica, emocional y física. Vinculó su historia al caso de Pamela Pompeyo con Patricio Albacete, criticando la justicia por no actuar pese a videos graves, y expresó empatía deseando su recuperación.
Ya recuperada, Joana perdonó a ambos con terapia y fe, priorizando ahora su rol de madre y carrera como martillera pública y gestora automotor.