Un crucero que zarpó el 20 de marzo desde Ushuaia con destino a Cabo Verde vive una pesadilla sanitaria por un brote de hantavirus que dejó tres pasajeros muertos y dos tripulantes con síntomas.
El primer fallecimiento ocurrió el 11 de abril, cuando un hombre de una pareja de Países Bajos murió a bordo; su esposa de 69 años se desmayó en el aeropuerto de Santa Elena al intentar repatriar el cuerpo y también falleció el 27 de abril. El tercer muerto fue un alemán el 2 de mayo, confirmado con hantavirus. El barco se desvió a Johannesburgo para evacuar a un pasajero sintomático.
Los 149 pasajeros y 61 tripulantes de múltiples nacionalidades, incluyendo un argentino, enfrentan cuarentena indefinida: Cabo Verde les prohíbe desembarcar por riesgo epidémico. Un influencer comparte videos angustiados desde a bordo, destacando el encierro en camarotes pequeños y la incertidumbre por el periodo de incubación de 7 a 45 días.
El origen del contagio es un misterio: no hay hantavirus en Ushuaia, según Juan Facundo Petrina, director de Epidemiología de Tierra del Fuego, quien inició búsqueda activa tras notas periodísticas. Pasajeros llegaron vía Ezeiza; autoridades rastrean excursiones previas en Patagonia. La OMS supervisa el caso.
La empresa niega conocimiento previo del virus; síntomas iniciales se confundieron con gripe. Posibles vías: roedores, contacto en puertos o persona incubando. Protocolos marítimos refrigeran cuerpos en morgue a bordo hasta primer puerto apto.