El pastor explica la historia bíblica de Segunda Reyes 3, donde el rey de Moab, perdiendo la batalla contra la coalición de Israel, Judá y Edom, sacrificó a su primogénito e heredero como ofrenda a Quemos, un demonio que generó gran enojo y obligó a los israelitas a retirarse con las manos vacías.
Israel perdió por formar una alianza antidios con reyes idólatras como Joram y sin acuerdo espiritual, a diferencia del rey de Moab que usó un recurso espiritual satánico para inclinar la batalla física.
El pastor insta a incluir a Dios en las batallas, como Pablo que usaba armas invencibles de Dios no métodos humanos, y a revestirse con la armadura de Efesios 6: cinturón de verdad, coraza de justicia, escudo de fe, casco de salvación, espada del Espíritu y sobre todo Jesucristo.
Sin acuerdo ni cobertura espiritual, las alianzas fracasan; los cristianos deben pelear revestidos de Cristo para vencer gigantes y no volver intimidados por Satanás, que usa intimidación.