Pese a tregua entre Israel y Líbano, decenas escapan de zonas peligrosas hacia campamentos temporales en Beirut, como Marelías donde palestinos acogen a libaneses desplazados.
Familias como la de Ibrahim pierden casas por ataques aéreos israelíes. Abu Hussein y otros duermen en pisos hacinados, afortunados por baños y solidaridad.
Voluntarias como Sara preparan comida desde almacenes para sur del Líbano, supliendo ausencia estatal ante guerra violenta. Escuelas en Azná albergando desplazados carecen de espacio, saneamiento y atención médica.
Crisis humanitaria agrava con riesgos sanitarios, falta de electricidad e internet en refugios saturados.