María Julia Oliván y Fernanda Iglesias destruyeron su relación laboral y personal que antes era cercana, con flores mutuas en streaming y programas de TV. Oliván pidió aviso previo de temas sobre su trabajo por su hijo con autismo y sus cuatro programas semanales como dueña del medio, pero Iglesias se ofendió y dijo que nunca se lo pidió antes ni habla directamente, sino con la productora.
La pelea escaló cuando Iglesias mencionó la situación familiar de Oliván como madre, lo que Oliván vio como invasión al mencionar a su hijo. Oliván acusó a Iglesias de deshonesta e insoportable, mientras Iglesias negó hablar del hijo específicamente y dijo entenderla como cualquier madre. Ambas se traicionaron: Oliván dice que no eran amigas y que Iglesias se aprovechó de su internación por quemaduras para notas exclusivas, e Iglesias siente daño irreparable.
Oliván descartó reconciliación o volver a trabajar juntas, cerrando la puerta por traición. Iglesias confirmó que no levantaría el teléfono y que la relación está cortada para siempre. El panel de Infama debatió el quiebre, cuestionando por qué Iglesias siempre termina mal en trabajos y si Oliván necesitaba su repercusión mediática.