Japón acelera su rearme bajo la primera ministra Sanae Takahichi, duplicando el gasto en defensa al 2% del PIB por primera vez desde los años 90, rompiendo con ocho décadas de pacifismo consagrado en el Artículo 9 de su Constitución post-Segunda Guerra Mundial.
La isla de Yonaguni, cerca de Taiwán, recibirá misiles de defensa aérea ante maniobras chinas que simulan un bloqueo. Takahichi advierte que un ataque chino a Taiwán amenaza la supervivencia japonesa y justifica respuesta militar. Se debaten armas nucleares propias, posicionando a Japón como tercer gasto militar mundial por su economía.
Históricamente, Japón renunció al militarismo tras Pearl Harbor, Hiroshima y Nagasaki. Alberga tropas estadounidenses y sus Fuerzas de Autodefensa tienen 250 mil efectivos sin servicio obligatorio. Disputas con China por islas Senkaku, Corea del Norte con misiles nucleares y Rusia en guerra agravan amenazas.
Takahichi fortalece lazos con Donald Trump mediante inversiones de 550 mil millones de dólares y exención arancelaria, presionado por mayor gasto militar. Envía tropas a ejercicios en Filipinas por primera vez desde la Segunda Guerra. China responde retirando pandas y prohibiendo importaciones japonesas.
Expertos como Sheila Smith destacan la señal estratégica, mientras Koichi Nakano analiza el nacionalismo. La opinión pública cambia ante riesgos regionales, aunque persisten protestas como bajo Shinzo Abe, mentor de Takahichi.