Aron Copland visitó México en 1936 y quedó fascinado por el Salón México, un nightclub con orquesta cubana que tocaba son y mambo. El compositor pasó hasta las cinco de la mañana bailando y decidiò escribir una obra que capturara el espíritu del pueblo mexicano desde la mirada de un turista.
Copland usó melodías autóctonas como El palo verde, El mosquito, La jesuita y otras publicadas en antologías. Él mismo admitió que la obra quizás no suene muy mexicana, pero sí lo hace en América del Norte.
El relato detalló las tres salas del local según una guía turística y un cartel gracioso sobre no arrojar colillas para que las damas no se quemen los pies.