En un caserón de San Telmo que hoy funciona como bar pero antes fue convento, aparecen las niñas del cabello color naranja. Las gemelas recorrían la casa con camisones blancos, imitaban el canto de pájaros, comían frutos rojos del jardín y jugaban eternamente en las escaleras.
Justina rodó escaleras abajo como una muñeca sin vida. Los años pasaron, pero cuando todo está en silencio y el viento susurra, una voz infantil canta desde las ventanas. Muchos aseguran que Josefina despide a su hermana y la niña de cabellos naranjas ronda el lugar.
El aire se vuelve denso y húmedo al caer la tarde, como si alguien regresara.