Mirta, pensionada de 70 años hipertensa y con problemas cardíacos, duerme en un ranchito en la vereda de su propiedad en calle 252 N°1051, Barrio San Carlos, porque su hijo Ariel Federico Portillo Martín le demolió la casa original para quedarse con el terreno donde construyó la suya propia al fondo. La mujer, que tiene cuatro hijos, rechazó la oferta de alquiler de su hijo y arma un refugio con colchones, sábanas y pertenencias tiradas por amigos de sus hijos.
Vecinos apoyan a Mirta, la definen como "querida" y exigen que el hijo le dé lugar en la propiedad familiar. El hijo alega que su nieto tiene TEA (Trastorno del Espectro Autista) y no puede convivir, ya que el núcleo familiar es sensible a ruidos y tensiones. Mirta insiste en que quiere "lo que quedó de mi casa" en el terreno grande, proponiendo una división para no cruzarse.
El otro hijo, Norberto, llamó por teléfono y contó que bancó a su madre en todo, le dio su departamento para duelo por el marido fallecido, pero ella insiste en esa casa por un conflicto con Federico. Panelistas debaten la responsabilidad de los otros tres hijos que "no se meten", critican que deje a la madre en la calle con frío inminente y sugieren aceptar el alquiler mientras resuelven en justicia.
La policía llegó pero todo "tranquilo"; Mirta dio un cachetazo al hijo cuando la confrontó. Vecinos indignados gritan "salí cobarde" al hijo que no sale. Conductores insisten en proteger a la anciana y al niño autista, pero urgen solución ya que su vida está en riesgo con el frío y la intemperie.
La mujer cobra casi 500 mil pesos de pensión que no alcanza para alquilar; vecinos traen comida fría y agua. El programa abre líneas para ayuda y abogados gratuitos.