El bombero voluntario Gastón, dueño de una verdulería en Presidente Perón y Primera Junta, compartió su profunda vocación por la profesión, heredada de su familia ya que sus padres son jubilados de bomberos y nació prácticamente sobre una autobomba.
Explicó que la pasión por ayudar en emergencias hace olvidar problemas personales, económicos o del negocio, y enfatizó que se hace por amor y corazón, no por dinero, ya que no tiene precio.
Advertí sobre peligros en invierno como estufas mal revisadas, sobrecarga de zapatillas eléctricas, falta de ventilación y monóxido de carbono, recomendando llamar a gasista matriculado y ventilar las casas para evitar tragedias evitables.
Realizó una campaña de prevención contra incendios causados por velas, hornallas encendidas o caloventores, destacando que con el tiempo los bomberos desarrollan una coraza emocional ante las pérdidas.