El SIBO causa distensión abdominal cuando bacterias del colon migran al intestino delgado e impiden la absorción de nutrientes. Factores predisponentes incluyen cirugías intestinales, dietas ricas en ultraprocesados, grasas y azúcares que prolongan el tiempo de los alimentos en el intestino.
Los síntomas incluyen inflamación al comer harinas, azúcares, frutas o lácteos, diarrea, estreñimiento o retraso en el crecimiento infantil. Afecta al 10% de la población, a menudo confundido con intestino irritable, y se diagnostica con test de hidrógeno espirado en contexto clínico.
El tratamiento principal son antibióticos por dos semanas para eliminar bacterias, más probióticos para regenerar flora. La dieta no cura pero previene recaídas en el 50% de casos, recomendando evitar delivery, chatarra, exceso de carnes rojas y sodio.
Probióticos en yogur, kefir, kimchi o suplementos específicos ayudan diariamente, siempre bajo consejo médico. Hábitos como cocinar en casa controlando aceites y sal reducen riesgos.