En un sermón de Iglesia de la ciudad, la predicadora insta a acercarse a Dios con corazones limpios según Hebreos 10:22, diferenciando paz de Dios de paz interior y alertando que solo Jesús limpia la conciencia atormentada por pecados o aflicciones.
Cita casos bíblicos como Saúl angustiado por desobediencia, Ana estéril que lloraba en Siló, y enfatiza que medicaciones o psicólogos son bastones temporales; solo Dios sana el espíritu quebrantado y el corazón afligido.
Explica que Jesús perdonó pecados a un paralítico antes de sanarlo físicamente (Mateo 9), demostrando su autoridad divina, y que la sangre de Jesucristo limpia de todo pecado según 1 Juan 1:7 y libera según Apocalipsis 1:5.
Urge revisar actitud hacia Dios, vivir sus mandamientos y aceptar el sacrificio de Jesús para paz verdadera, conectando salud espiritual con emocional y física.