En Espiando la casa, la prueba de cantar continúa con los participantes divididos en equipos azul y rojo compitiendo para seguir canciones difíciles iniciadas por la producción. Esta dinámica reemplaza la gala habitual por el partido de fútbol y determina aspectos clave para la prueba del líder, quien podrá nominar y fulminar mediante votos indirectos.
Los concursantes enfrentan turnos intensos con pedidos constantes de silencio y atención, como cuando Lolo es enviada al sillón y descalificada por no cumplir las reglas. Otros como Denis, Emmanuelle, Manuel y Edoardo intentan sus canciones amid interrupciones y nervios, con la producción exigiendo orden en la casa.
Emanuel recibe llamados repetidos para su turno, mientras Nazareno y otros luchan con fragmentos complejos como rimas indígenas o letras populares. La competencia genera caos con gritos de aliento, reclamos de "no se vale" y amenazas de enojo del conductor por el ruido excesivo de los equipos.
Participantes como Tamara son mencionados en confusiones sobre canciones maternas, y el ambiente se mantiene cargado hasta el final del bloque mostrado, con más intentos de canto en curso.