Elsa Toledo Yang, una jubilada de 81 años con cáncer, sale a vender golosinas en la plaza de Once todos los días en doble turno, desde las 10 de la mañana hasta las 6 de la tarde, para subsistir y ayudar a su nieta que estudia filosofía y repostería.
La mujer explicó que la jubilación mínima no le alcanza ni para medicación ni comida, por lo que recorre las calles con bastón y bolsas de caramelos, gomitas y yapas, ganando hasta 70 mil pesos en un buen día gracias a la buena onda de la gente del barrio.
Elsa vive en planta baja alquilada por su hijo, adora a su nuera y se sacrifica por la familia, criticando la situación económica donde la gente no compra remedios para niños enfermos y donde el presidente insulta a discapacitados, docentes y cultura.
El periodista destacó esta postal de jubilados que trabajan para ser abuelos, prefiriendo privarse de comida o remedios con tal de darle algo a los nietos en la Argentina actual.