Con tarjetas, bancos y supermercados que ya no prestan, muchas familias argentinas llegan al extremo de pedir dinero a prestamistas informales del barrio. Testimonios revelan deudas que duplican el monto prestado, con intereses altísimos y círculos viciosos de endeudamiento.
Un comercio cobra 68 mil pesos mensuales pero pide préstamos de 50 mil que devuelven 100 mil. Otro trabajador informal tiene cuatro préstamos por 700 mil pesos y no llega al fin de semana. Gonzalo, prestamista albañil, confirma duplicación de pedidos para cubrir servicios y deudas.
En José León Suárez hay 50 prestamistas similares atendiendo a quienes no acceden al sistema formal por falta de empleo registrado.