Familias desesperadas por la crisis económica acuden a prestamistas informales que exigen electrodomésticos como garantía y cobran intereses usureros. Un prestamista explicó que no devuelven el bien hasta saldar todo el crédito más intereses, recomendando que supere el valor del préstamo.
En la calle, grupos prestan plata a tasas diarias exorbitantes, como 600 mil pesos por quincena, terminando en deudas impagables. Jubilados firman hipotecas en blanco por casas, y desocupados juntan pozos comunes para prestar, generando violencia y tiros.
Panelistas advirtieron que esto es el final de la cadena de endeudamiento: de bancos a financieras y luego informalidad. Pidieron al gobierno articular con bancos para desendeudar familias en niveles récord, citando casos de empleados que abandonan trabajos por descuentos.
Compararon con Brasil bajo Lula, donde deudas familiares afectan encuestas. Empresarios dan adelantos de sueldo para retener personal, evocando la crisis de 2001 con susurreros.