Las 200 familias de vendedores ambulantes de Mar del Plata salieron a la calle exigiendo respuestas al intendente Agustín Neme por el cierre de su feria, que las dejó sin trabajo desde la semana pasada. Reclaman un ecosistema familiar para progresar y acusan a la UCIP de hacerles la guerra.
Los afectados, como un joven de 27 años criado en la venta ambulante, insisten en que no son delincuentes sino marginados invisibilizados por 25 años para beneficio de unos pocos. Ahora enfrentan desesperación sin ingresos para alquilar o comer.
En las escalinatas del hospital local duermen familias enteras rotando pertenencias en bolsas y mantas, complicados especialmente en horarios de almuerzo y descanso.