Las protestas en Irán contra el régimen, iniciadas a finales de diciembre de 2025, culminaron en masacres el 8 y 9 de enero de 2026 durante un apagón nacional de internet que aisló al país. Testimonios anónimos como el de Arash, enfermero del sur, describen multitudes gritando "esto es una revolución", uso de armas de guerra y temor a ejecuciones en hospitales donde apilaron 20 cadáveres en salas de cuarentena.
Iráníes ocultos relatan 16 días de levantamiento aplastado por la Guardia Revolucionaria y milicias Basij, con violencia letal, hospitales saturados y prohibición de filmar o llorar. Nasser, ingeniero de Teherán, vio un "campo de batalla" con chicas baleadas a metros; una estudiante del Golfo Pérsico perdió a su prima, cuyo cuerpo exige 6.250 euros para repatriar.
La crisis económica disparó precios como huevos por nueve, cierres de bazares y rabia general. El régimen reconoce más de 3.000 muertos culpando extranjeros, pero organizaciones de derechos humanos estiman más de 30.000. Confesiones escenificadas, chantajes a familias para inflar bajas de Basij y persecuciones continúan pese a reactivación parcial de internet el 28 de enero.
Testigos como Tarané expresan rabia por caída del nivel de vida; el presidente Trump advirtió sanciones. La esperanza persiste: "esta idea de que el régimen desaparecerá no se puede reprimir".