En Puerto Almanza, a 80 kilómetros de Ushuaia en Tierra del Fuego, un puñado de familias vive de la pesca artesanal de centollas y otros frutos del mar del Canal Beagle.
Diana, originaria de Curuzú Cuatiá en Corrientes, y su pareja Sergio, quien dejó su profesión de reparaciones navales, compraron una embarcación a pulmón y ahora pescan centollas machas adultas respetando vedas y tallas mínimas para preservar el recurso.
La pareja describe el Canal Beagle como impredecible, con cambios climáticos extremos y fauna variada como ballenas y pingüinos, mientras enfrentan desafíos como el clima inóspito y la falta de infraestructura para un oficio en extinción.
Los pescadores enfatizan la sostenibilidad, recolectando solo machos y usando trampas que permiten escapar a juveniles, vendiendo el "oro rojo" directamente a turistas y restaurantes locales.