El presidente Javier Milei vive un momento paranoico en su ejercicio del poder, desconfiando de todos y viendo conspiraciones en cada crítica o movimiento opositor. Interpreta la caída de encuestas, apariciones de candidatos como Mauricio Macri o Patricia Bullrich, y hasta leyes aprobadas como intentos de golpe, mientras se aísla y agrede a periodistas y opositores.
Esta paranoia se evidencia en su apoyo incondicional al jefe de Gabinete Manuel Adorni, pese a sus escándalos: subió a su esposa Bettina Angeletti al avión presidencial para un viaje romántico a Nueva York, contradiciendo su discurso anti-casta, gasta fortunas en viajes como 14 mil dólares cash a Aruba, compra propiedades por 65 mil dólares y acumula deudas de 335 mil dólares, todo mientras predica austeridad y recorta a jubilados y discapacitados.
Milei recibe en secreto a Peter Thiel, dueño de Palantir, empresa de software para control social que cruza datos de ANSES para perseguir disidentes, inmigrantes o protestantes, facilitado por un DNU vigente que permite a la SIDE contratar estas herramientas. Frente a esto, ve traición en aliados como Macri, quien se reunió con Pablo Rocca, o en Victoria Villarruel, a quien acusa de golpismo sin pruebas.
Los problemas judiciales de Adorni, como causas por Gariba y otras, surgen de expedientes reales, no de "basura mediática" como dice Karina Milei. El gobierno sobreactúa apoyo a Adorni, quien declara en Diputados, con barras libertarias esperadas.
Esta fase paranoica genera aislamiento ministerial y agresión constante, reinterpretando realidad económica caída y descontento social como complots periodísticos.