En Santa Victoria Este, Salta, comunidades indígenas chorotes, chirupis y huichis sufren desnutrición infantil extrema y aislamiento por caminos intransitables. Un equipo de 14 profesionales atiende a 430 niños, entregando leche y controles nutricionales en 22 comunidades, donde muchos niños carecen de DNI y acceso a asignaciones familiares.
La zona norteña es ignorada incluso por argentinos, con falta de servicios básicos como agua potable, luz y gas. Residentes consumen agua de pozo sin hervir, exponiéndose a diarreas y vómitos, y enfrentan víboras y arañas. Las lluvias agravan todo: niños bajan de peso por enfermedades y falta de escuela, que provee alimentación.
Recientes crecidas del río Pilcomayo desplazaron familias de comunidades como La Gracia, La Estrella y Santa María, dejando casas inundadas y 300 familias sin comida. Jóvenes levantaron defensas con bolsas de tierra, pero el agua filtró y arrasó todo. Ahora duermen en carpas o ruta, perdiendo colchones, ropa y freezers, con caminos cortados por 6 kilómetros.
Testimonios revelan desesperación: "Si supieran cómo se vive acá, no dormirían tranquilos", dice un profesional. Hay solidaridad local con donaciones, pero advierten que en meses nadie recordará. Piden viviendas dignas, ya que es la cuarta inundación, y critican la falta de gestión estatal en esta zona vulnerable y olvidada.