Una activista feminista china relata su arresto y detención durante 37 días en un centro de Pekín por ofrecerse como voluntaria en una acción contra el acoso sexual en el transporte público. Junto a otras cuatro mujeres, fue capturada antes del evento sin haber confrontado al gobierno.
La mujer describe el miedo a cruzar la línea roja indefinida del régimen, que intuye pero no conoce con precisión, y sufre traumas de la experiencia pasada. Participó en movimientos feministas desde joven, preocupada por riesgos pero con estrategias para evitarlos.
Este segmento complementa testimonios previos de mujeres chinas nacidas bajo la política del hijo único, como Xin Xia, Ting Ting y Amber, que enfrentan presiones familiares para casarse y tener hijos, priorizando familia sobre carreras, en un contexto sin estado de bienestar donde los padres dependen económicamente de los hijos únicos.
En Pekín, oficinas de matrimonios promueven roles tradicionales de esposa y madre, mientras algunas buscan independencia mudándose o explorando relaciones no convencionales, ocultándolas a familias rurales conservadoras.