El río Neretva, uno de los últimos ríos salvajes de Europa en Bosnia-Herzegovina, enfrenta destrucción irreversible por proyectos hidroeléctricos como la presa de Ulog, inaugurada en 2025, que altera niveles de agua con efectos fatales para peces y organismos endémicos.
Habitantes de Ulog, como Boban Shkreter, dependen del río para agricultura y turismo incipiente, pero la deforestación y cambio de curso han arruinado sitios como Selenac, donde antes nadaban y ahora solo queda destrucción. La presa genera fluctuaciones bruscas de caudal que matan vida acuática.
El hidrobiólogo Kurt Winter y colegas buscan especies únicas como la trucha de boca blanda mediante muestreo de ADN en el agua para detener las casi 70 centrales planeadas, citando éxitos en Albania. Minas terrestres de la guerra persisten como riesgo en la zona.
En Konjic, pescadores como Rabren Kapich enseñan a jóvenes a fabricar señuelos y moscas para pesca sostenible, promoviendo turismo, pero obras río arriba enturbian aguas y arrastran lodo y peces muertos, amenazando el ecosistema prístino.