El pastor continúa explicando que un solo pensamiento no arrestado permite al diablo invadir la mente, como el caso del Rey Saúl, quien por envidia y comparación con David ('Saúl mató a mil, David a diez mil') dio un punto de apoyo al enemigo, llevando a paranoia y locura.
Da ejemplos bíblicos: David cayó por ocio y deseo sexual al ver a Betsabé desde la terraza; Judas por un pensamiento de traición que no incautó, convirtiéndose en ladrón y traidor; contrastando con Jesús, en quien 'el príncipe de este mundo nada tiene'. Insiste en no alquilar la mente al diablo mediante grietas en el carácter.
Propone tres pasos: identificar pensamientos intrusos con filtro de Filipenses 4:8 (verdadero, honesto, justo, puro), desalojar sin dialogar citando 'escrito está', y ocupar el espacio con verdad de Dios para que no vuelva el enemigo con refuerzos. Termina exhortando a someter toda área a Cristo para que el diablo huya.
La victoria espiritual inicia rindiendo la mente a Cristo, no expulsando al enemigo; un centro fronterizo mental incauta ideas de contrabando como rencor o duda, evitando fortalezas que sellan destinos trágicos como en Eva, Ananías, Safira y Saúl.