El pastor de Cielos Abiertos activa promesas del Salmo 91 para protección divina de quienes habitan al abrigo del Altísimo, asegurando que Dios libra de lazo del cazador, pestilencia destructora y plaga, mientras muestra justicia contra perversos y evita males en su casa.
Explica el juramento de Dios a Abraham por multiplicación, confirmando propósitos inmutables para herederos de la promesa, imposible que Dios mienta, dando sólido consuelo a líderes desanimados por fracasos en crecimiento de iglesia.
Relata testimonio de pastor argentino que, tras perder casi toda congregación quedando en 8 personas, se refugió en promesa divina y creció a más de 3.000 fieles en templo para 4.000, haciendo dos servicios. La esperanza ancla el alma hasta el velo donde Jesús, precursor y sumo sacerdote por orden de Melquisedec, se humilló hasta muerte de cruz y fue exaltado en trono de Dios.
El Señor se corrió un poquito para que Jesús se siente en su trono, prometiendo a vencedores sentarse también allí como Jesús con el Padre.