Una mujer trans expulsada de casa a los 13 años en 1990 por su orientación sexual narra su vida en la calle, recurriendo a prostitución y drogas, en un contexto sin leyes protectoras y con un padre machista que generaba un ambiente hostil.
A los 16 o 17 años, una mujer mayor la llevó a vivir con ella en medio de excesos; tuvieron relaciones y esta quedó embarazada inesperadamente. La invitada, con una vida desastrosa, se asustó y abandonó el lugar, dejando a la criatura con la madre biológica, quien luego la discriminó por ser gay y trans, favoreciendo a otros hijos y traumándola con vergüenza familiar.
El hijo, ahora hija trans, sintió desde chica la necesidad de ser mujer y se reencuentra con su padre/madre biológica mediante una amiga. La madre trans, ya estable y limpia de drogas, la acoge inmediatamente al conocer su historia de maltrato, ayudándola en su transición sin exponerla a la calle.
Ambas coinciden en el lazo irrompible, entienden el dolor pasado, perdonan a sus familias y enfrentan discriminación en redes tras viralizarse su historia. La madre se volvió protectora extrema, y juntas muestran su vida en redes con aprobación mayoritaria pese a críticas.