India, bajo el liderazgo del primer ministro Narendra Modi, aspira a convertirse en potencia mundial con eslóganes como "Rising India" e inversiones masivas en infraestructura: 1,4 billones de dólares en metros, autopistas, puentes, 80 nuevos aeropuertos y líneas ferroviarias. Empresas como Siemens firman contratos por 3.000 millones de euros en locomotoras y centros médicos.
En Bangalore, la ciudad tecnológica con 14 millones de habitantes, firmas como SAP con Sindhu Gangadharan liderando 17 mil empleados innovan para el mundo, superando la idea de bajos costos laborales. Multimillonarios como Kiran Mazumdar-Shaw de Biocon destacan que India produce el 30% de medicamentos genéricos globales, exportando a EE.UU. y Europa.
Sin embargo, expertos critican el "auge engañoso": Ashoka Mody sostiene que India está "quebrada" por falta de empleos dignos, bienes públicos esenciales y erosión democrática; 230 millones en pobreza extrema, brecha ricos-pobres con Mukesh Ambani en el edificio más caro del mundo; solo 13% mujeres con empleo remunerado, educación deficiente comparada con China.
A pesar del crecimiento del 6-7% y población laboral de 970 millones, persisten desafíos como tráfico caótico, migración rural y dependencia de trabajo familiar no pagado, aunque startups como Zetwerk y Pinaka crecen exportando aeroespacial y defensa bajo "hecho en India".
India busca autonomía estratégica, cortejada por Occidente y Rusia, pero no reemplazará a China pronto por rezago en educación, tecnología e igualdad de género.