El hermano mayor Hugo, de seis años, alertó a su madre sobre un ser asomándose por un costado de la casona abandonada del regimiento en Olavarría alrededor de 1966 o 1967.
La madre lavaba ropa en piletones y el niño insistió dos veces; hicieron un rodeo y no encontraron a nadie. Hugo describió una figura con capucha y ojos hundidos.
Al año siguiente, soldados avistaron un objeto en tierra cerca del arroyo Tapalqué; dos seres sin piernas levitaban, uno emitió luminiscencia al ser disparado por un cabo que se desmayó.