El desastre nuclear de Chernobyl en 1986 liberó 200 toneladas de material radioactivo, causó miles de muertes por radiación, cánceres y evacuó Pripyat con 47.000 personas, creando una zona de exclusión inhabitable.
Un tour por la zona muestra edificios abandonados, vegetación invadida, complejos militares contaminados y altos niveles de radiación. El nuevo sarcófago de 2.100 millones de euros, completado en 2019, sella el reactor 4 por 100 años para futura descontaminación.
Greenpeace alerta colapso del sarcófago interno por daños de guerra rusa, como perforaciones por drones, falta de mantenimiento y vibraciones de explosiones cercanas. El director de la planta advierte que un impacto a 200 metros podría derrumbar estructuras inestables, liberando polvo radioactivo con uranio fundido, plutonio y elementos transuránicos de vida media de 10-20 mil años.
La falta de mano de obra calificada y temor de empresas extranjeras detiene reparaciones hasta fin de la guerra. 40 años después, Chernobyl permanece como herida abierta bajo amenaza de nueva catástrofe.